Me cuentan que un amigo de un amigo buscaba vivienda en Lugo. Llegó a ver un apartamento a la hora pactada con el encargado de la agencia y en ese instante salía una chica negra de ver el piso. Se daban la mano despidiéndose con lo que parecía un acuerdo o, al menos, muestra de interés por parte de la joven en alquilar el predio en cuestión. Aún así el encargado de la agencia enseñó el piso a siguiente interesado y le repitió en varias ocasiones que, si lo quería estaba a la cabeza de la lista. Es lo que nos toca vivir, es una especie de racismo o discriminación que todo el mundo critica en foros públicos pero que empresas y personas mantenemos a la orden del día. No es fácil la integración para los inmigrantes, eso ya lo tenemos claro. Lugo no es una ciudad en la que la llegada haya sido tan importante en número como otras pero sigue siendo un fenómeno social clave. No hay inmigrantes en trabajos de responsabilidad, un currículo sube o baja en escalafón por el tono de su foto o la línea donde pone el lugar de nacimiento. En un país en el que siguen existiendo los “Rey Baltasar” pintados de betún tardaremos en darnos cuenta de que la sociedad será mestiza tarde o temprano y que tratar de pararlo es como tratar de evitar que suba la marea con un dique de arena.
No nos gustamos. Pero no solo por el tema de los inmigrantes. No nos gustamos ni entre vecinos de escalera. En ocasiones nos cruzamos con el del piso de enfrente y no nos saludamos. No existe la buena vecindad en la mayoría de los casos. Basándonos en eso ¿cómo puedo esperar que acojamos bien a los que nos hablan con otro acento?, ellos ya saben que será difícil, por eso tienden a buscarse para convivir con los de su misma procedencia creándose auténticos guetos que tampoco nos gustan.
Cuanto nos queda aún.
No nos gustamos. Pero no solo por el tema de los inmigrantes. No nos gustamos ni entre vecinos de escalera. En ocasiones nos cruzamos con el del piso de enfrente y no nos saludamos. No existe la buena vecindad en la mayoría de los casos. Basándonos en eso ¿cómo puedo esperar que acojamos bien a los que nos hablan con otro acento?, ellos ya saben que será difícil, por eso tienden a buscarse para convivir con los de su misma procedencia creándose auténticos guetos que tampoco nos gustan.
Cuanto nos queda aún.

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